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jueves, 6 de mayo de 2010

Seis de mayo...

Hoy está siendo, con diferencia, uno de los peores cumpleaños que recuerdo, quizá junto con aquéllos de cuando era pequeña, en los que todo lo que me dejaba el 6 de mayo eran gotas de lluvia en el cristal de la ventana y un silencio casi muerto. Tengo la imagen de una niña pecosa, con el pelo recogido en una coleta, mirando a través del cristal… viendo una calle mojada y gris, como ella misma, supongo.

Creo que hoy vuelvo a sentirme como aquélla niña, vuelvo a ser aquélla niña. Aunque ella, al menos, tenía la lluvia para acompañarse.


Tal vez sea que se me ha adelantado 5 años la crisis de los 40, o puede que, simplemente, haya amanecido con un mal día. En el fondo tampoco importa. Al fin y al cabo, sólo es un cumpleaños, qué más da que sea el mío.


El problema está en que, con los años, una se permite el lujo de tener algún que otro glorioso 6 de mayo, y claro, se llega a pensar que todo el monte es orégano y que siempre va a ser la cosa igual, con gente acordándose de ti, dándote achuchones y haciéndote regalos, aunque sean tan absurdos como un portalápices de cuero hecho a mano o un planisferio. Lo que cuenta es la intención, el detalle… y vaya si cuenta!



De todos modos, la cosa está en que siempre se me dieron mal los principios, TODOS los principios, desde los matemáticos a los artísticos, y cumplir años es, después de todo, un nuevo comienzo, no? Es el inicio de 365 días que jamás se volverán a repetir, para bien o para mal.



Confiemos en que a partir de ahora los comienzos se me den mejor…

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